jueves, 10 de octubre de 2019

La Putísima Madre del pentáculo

Hace miles de millones de mierdas de billones de triaños ke la maldad wiccana se evaporó en el oro aislado de las Canarias, que, dominadas por el Faraón, se kemaron las manos en dejar huella y arena en un país de pobres ilustres sublimes y desaventajados. Nada de coser historias parecidas, lejos de tanta trama antaña y el poner el respeto a ostias como ha sido desde antiguo, y no se lloraba en la consulta de un pobre diablo con el nombre de su puta madre pegado a una pieza de hachi que no se la fuma, porke es pa comer.
Así entonces los dinosaurios pegaron a comer plantas. A apalancar plantas. A colocarse de plantas. A beber aguas de plantas, aromatizadas, y esos cabrones iban enseñando a tol mundo porí pallí.
Yo no se de mierda de pentáculos y de tramas ya ni me acuerdo, vivo en la alta desde hace diez canciones por diez.
Yo no se ke tanto insulta a la materia la sabiduría y tu juguete roto.
Mira, que desde luego, para ser un lavandero de hojas pacotilla, al menos, las colocas con cariño. No dando asko, pekeño pez ciego que en tu planeta, ves. Seh, tranki.

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